Proemio.
Comúnmente escuchamos a, algunos detractores de la Renovación Carismática Católica afirmar casi de manera expedita (como quien se las sabe todas) que “todas las misas son de sanación”. Tales afirmaciones son acompañadas por otras como; “no se cual es el fanatismo de la gente por la sanación si en cualquier misa pueden sanarse sin tan espectáculo”. A cualquiera le resultara aquello una tremenda verdad o bien en mi caso, una patética muestra de envidia por el simple hecho de que una misa de sanación se llena, pero otorgando el beneficio de la duda, tajantemente se debe afirmar que tal cosa, ¿no sucede?, me refiero a la “sana” envidia. Veamos si es cierto que “toda misa es de sanación”.
Los Detractores:
En mi experiencia particular las personas que afirman estas cosas conforman dos grandes grupo.
Los Ex.-
Lamentablemente el grupo mayor está integrado por ex miembros de la R.C.C. que sin mala intención, utilizan los dones recibidos en la corriente de gracia para darle sabor a sus nuevos grupos de apostolado (eso es bueno porque tal es la misión de la renovación carismática). La inmadurez espiritual los ha empujado a afirmar que ciertas cosas en la R.C.C son exageraciones, exabruptos y hasta sectarias, pero no solo a afirmarlo sinó a tomar la decisión de alejarse del grupo de hermanos carismáticos mirandolos con recelo y sometiendolos al escarnio público ante tanta e incluso injustificada criticadera.
Lo que en realidad es en algunas ocasiones exagerado, es el comportamiento de algunos hermanos, pero incluso San Pablo en lugar de apartarse de la comunidad de corinto por su comportamiento inadecuado, la corregía a tiempo y a destiempo ciertamente de forma incluso severa según la misión que Dios le encomendó, pero aún amenasondola de abandono, nunca abandonó a la comunidad, mucho menos conociendo sus errores. Nosotros hemos visto sacerdotes que prefieren alejarse de las comunidades carismáticas porque no soportan aquello, esto no es sinó, una muestra de inmadurez , de mayor relevancia cuando ocurre en un pastor que en la laicas “ovejitas”.
El temor o inmadurez conlleva a preguntarse con falsa humildad: ¿quien soy yo para corregir los errores de nadie?. Optan por irse, montar tienda aparte y hablar, hablar, criticar y nunca dejar de hacerlo, hay una enorme diferencia entre criticar y corregir, lo primero no conlleva a lo segundo, al contrario. En el fondo quienes conforman este grupo por pura gracia de Dios nunca dejan de ser carismáticos, tienen el virus y les cuesta sacudirselos, bien sea por la forma de orar,de cantar incluso de predicar, la corriente de gracia del Espíritu Santo los selló y no los abandona.
Los re-ti-co.
El segundo grupo forma parte de los eternos recelosos, timoratos e incluso contrincantes de la R.C.C. Por lo general existe algo de parcelamiento en la iglesia (sinceramente hablando) y cada quien defiende lo suyo, los que actúan así forman igualmente parte de este segundo grupo. Personas que desconocen totalmente que es la R.C.C. y sienten que de alguna forma la espiritualidad de sus propios movimientos se ve contradecida por esta otra espiritualidad.¿Existe tal cosa como dos espiritualidades?
Dios actúa como y donde quiere.
Que Dios actúa como y donde quiere es una verdad grande como una catedral, por lo tanto afirmar que Dios está presente actuando y sanando en todas las misas es la expresión mas acertada, es el mismo y único Dios, presente en el altar, eso no lo pone nadie en duda ¿o si?.
¿Es el mismo ministerio?
Efectívamente en una misa el ministerio del sacerdocio es el mismo siempre, desde el mas pequeño de los sacerdotes (San Juan maría Vianney) hasta el mas prominente de todos ellos (Santo Tomás de Aquino o San Agustín), es el mismo, único y verdadero sacerdocio que hace presente a Jesucristo en la hostia consagrada.
Pero, ¿qué hay del ministerio de sanación?.
Por las sagradas escrituras sabemos que “Dios los dispuso en la Iglesia: primero apóstoles, segundo profetas, tercero maestros, después milagros, después carisma de sanaciones, de asistencia, de gobierno, de lenguas diversas. ¿Son todos apóstoles?, ¿son todos profetas?, ¿son todos maestros?, ¿todos taumaturgos?,¿tienen todos carismas de sanaciones?, ¿hablan todos lenguas arcanas?, ¿son todos intérpretes?.”
Evidentemente las interrogantes del apostol nos llevan a contestar de forma honesta y consciente que no, no todos los ministros tienen el carisma de sanación, ni todos son apóstoles, tampoco todos son maestros. Esta es en si la diferencia entre lo que popularmente (no eclesiástica) se denomina “misa de sanación” y todas las misas que se celebran en su sentido pleno.
La diferencia no está en que una es mejor que la otra (eso es superstición), la diferencia está en el ejercicio de los carismas, una misa de sanación sin un ministro que ejerza el carisma ¿Qué es?. Ejercer el carisma es poner en practica el don que Dios a otorgado y “por los frutos, los reconocereis”. Ahora sabemos que aunque en todas las misas es el mismo Dios actuando de la misma forma, es el mismo ministerio sacerdotal, no todos los sacerdotes o laicos ejercen el “carisma de sanación”.
Buscando soluciones
Rescatando el “Carisma”
Quizas de mala manera al inicio he afirmado que muchas críticas que conllevan a imbecilidades como afirmar que no existe tal cosa como el “carisma de sanación” entre otras, se puede deber a una vulgar o ¿santa? Envidia. Pero el centro de este apartado está en la negación por diferentes motivos.
No en vano el apostol debió advertir a la no facil comunidad de Corintos acerca de que “aspiren a un camino mucho mejor”, si, lo hizo pero nunca negó lo que era de Dios, nunca cometió tal imbecilidad.
Podemos deducir que las bajas pasiones creaban excesos en el ejercicio de los dones y carismas, incluso podemos interpretar que muchos deseaban o envidiaban los mejores carismas. Es posible, que ocurrieran y ocurran pecados como la Simonía cuando se desea por cualquier vía poseer el “poder” que a otro Dios le ha otorgado. Pero, ciertamente existe un camino mejor.
Un camino mejor no quiere decir que aquello deba desaparecer. La historia aparenta demostrar que muchos carismas fueron silenciados pasando a segundo plano. Igual le pasó a la evangelización y miren donde estamos ahora con aparecida, misión continental y concilio plenario. Si la evangelización no necesitará renovarse, resurgir, ocupar su verdadero espacio, el Espíritu Santo no inspirara a nuestros pastores como lo ha hecho.
Igual sucede con los carismas, si no fueran necesarios para la evangelización el Espíritu Santo no hiciera que se renovaran en la actualidad con un ímpetu tremendo. Allí se centra la necesidad de renovar la acción del espíritu en nuestra iglesia, esto se vive con mayor ímpetu desde Vaticano II. De allí que la renovación sea una corriente de gracia que el señor suscitó en la iglesia para renovarla y no me refiero al movimiento posteriormente constituído.
En todo caso rescatar el verdadero carisma es algo justo, bueno y necesario, lo mismo que no negarle a las cosas que son de Dios, el nombre de su autor.
Recordemos siempre que corregir no es igual que menospreciar o despreciar.
Recorrer el camino mucho mejor.
¿Buscando a Dios que sana o al “poder” de sanación?
Ciertamente el carisma de sanación hoy tiene una validez muy importante, aunque relativa, la sociedad está enferma y requiere de pronta sanación. Dios al igual que aquella multitud hambrienta que no dejó con hambre, quiere sanar a su pueblo, pero le prepara un “camino mucho mejor”. Que los enfermos aparezcan de repente y por multitud en una misa de sanación “eso es bueno, muy bueno”, pero que no se les muestre el camino mejor “eso es malo, muy malo”. Que tal cosa suceda empuja al enfermo a ir en busca del poder.
¿Quién y donde podrá sanarme? Se pregunta el enfermo, asiste a la misa de sanación y nada, va con los evangélicos y tampoco, asiste al brujito de la cuadra o al señor de los horóscopos y tampoco; y en ese buscar el “poder” nadie le enseñó el “mejor camino”. Ni tan calvo ni con dos pelucas, una misa de sanación no es un espectáculo para que la fe de las personas crezca únicamente por la cantidad de sanaciones que se suscitan, no es una demostración de poder del ministro, es un carisma necesario para sanar al individuo de forma integral, porque Dios así lo quiere y lo tiene estipulado, al fin y al cabo Jesús que verdaderamente sana es realmente el “camino, la verdad y la vida” si ha él guiamos al ciego, o al paralítico estaremos haciendo bien, si solamente colaboramos en su paradura, nada pero nada hemos hecho.
Señor, el que tu amas está enfermo. Sáname.
Por: Oscár Facal. Ex Coordinador Diocesano de la R.C.C Diócesis de Cabimas.
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Hola, siempre he tenido a lo largo de mi vida una gran fuerza para aliviar enfermedades , siempre lo he pensado y lo he realizado pocas veces.
Deseo aprender mucho más.
qeria saber si pueden orar por mi corazon qe tengo una arteria ostruida gracias de victor americo grilli de buenos aires ensenada