Norma Mireya Hernández, es una hermana que la mayoría conocemos, o hemos visto en la parroquia. Es ella la que ayuda al sacerdote a distribuir la comunión en algunas celebraciones especiales, sobre todo cuando hay mucha gente, pero también es ella quien se encarga de ayudar al párroco en visitar gran parte de los enfermos de la comunidad, llevarles oración y el cuerpo de Cristo para el consuelo de ellos.
Participa en la parroquia hace ya 10 años. Anteriormente no se dedicaba a la Iglesia, nos dice, “yo andaba en la vida mundana, soy jubilada y cuando trabajaba para la empresa, lo mío era disfrutar, festejar y beber. Mi hermana siempre me invitaba a misa y yo le decía: llévale saludos a Dios. Me di cuenta que las personas que se acercaban a mi, eran interesadas, se acercaban solo para disfrutar, entonces, yo decía: Dios me tiene un llamado, no se cuando pero voy a tener un llamado por Dios”.
Todos los años el Obispo de la Diócesis (Mons. Freddy Fuenmayor) los asistía en su trabajo en el comisariato, celebrando la misa y bendiciendo los alimentos. Ese año (1998) no pudo asistir, y los convidó a que fueran a la parroquia para hablar con el Padre Orencio, así se conocieron ambos, el padre. les puso ese año a disposición el salón de la Iglesia y les celebró la misa en la parroquia.
En el año 2000, su hermana (“muy llena de la Iglesia”) le invita al Jubileo en la catedral para que fuera a confesarse, allí nos cuenta que se preparó, que la misa fue muy emocionante pero no se confesó, ante la pregunta de su hermana sobre si se había confesado, respondió: “No, porque no había Padres. Bueno, yo vi unos padres sentados allí como diez, pero no me confesé, porque no sabía que les tenía que decir”.
Al entrar en confianza con el P. Orencio la hermana dijo: “ahora si me voy a confesar”, le contó su vida pasada, también le confesó que desde 1974 cuando muere su Mamá ella se puso brava con Dios, la Virgen y José Gregorio Hernández, porque vio que les pedía pero no pasaba nada de aquello. Así fue como la hermana se alejó de Dios. Al confesarse tenía ya más de 30 años sin hacerlo.
Al entrar mas en los caminos de Dios perteneció al movimiento de la Renovación Carismática, pero siempre estuvo pendiente de su llamado, y ese llamado siempre se manifestaba respecto a la misericordia. Por eso aunque en el año 2000 se consagró el primer grupo de la Divina Misericordia en la parroquia y no tuvo la oportunidad de prepararse para ello, lo hizo para el segundo grupo, consagrándose en el año 2001. Nos comenta que tiene ya siete (07) años en el movimiento, y que la misión que tiene es: Visitar Enfermos.
Respecto a su servicio en la Iglesia como ministro extraordinario de la eucaristía, fue en el año 2004, cuando le comentó a P. Orencio que quería estar en el servicio de la eucaristía y los enfermos. “El me contestó que hablaría con Monseñor Freddy, ese mismo año preguntaron que tal sería yo para ese servicio y varias personas comentaron al respecto que sería una persona responsable. Así fue como Monseñor le dio al P.Orencio para que me enviara a visitar a los enfermos, en septiembre de 2004 recibí dicho envío. En el mismo transcurso de tiempo me autorizan como ministro extraordinario de la eucaristía, autorizada para abrir el santísimo. En realidad yo no soy una persona demasiado preparada (los habrá mas), yo he aprendido asistiendo, viendo y oyendo, pero yo invito a muchas personas interesadas en este servicio a que habrán su corazón, es lo mas importante y ser sinceros de verdad, para que vean lo que es compartir con nuestro Señor. Ser una persona destinada a este ministerio es algo emocionante”.
Antes de participar en los carismáticos visitaba enfermos, y le decían que las enfermedades de los enfermos se le pegarían, “yo respondía que el Señor, la Sangre de Cristo, me protege y él está conmigo”. Treinta y Seis (36) personas que ha visitado han muerto, “me ha tocado acompañar enfermos en su lecho de muerte en esos casos yo me comunico con los sacerdotes y ellos me indican que hacer, bien sea oraciones, rosarios, etc. Los enfermos mueren en paz, y los sacerdote como el P. Orencio también asisten para acompañar, lo que ayuda a que las personas mueran preparadas y en paz para ir a las manos de Dios”.
Respecto a la sanación y liberación, “si hay sanaciones, muchos quieren agradecerme por esas mejoras, hasta de afuera me llaman, pero yo les digo que les den las gracias a Dios, yo solo soy un instrumento”.
Para esta hermana el que le hayan robado su automóvil hace poco tiempo y tener un fisura en la pierna no le ha sido impedimento para visitar sus enfermos, respecto al carro nos comenta que “Dios proveerá” y respecto a su salud nos dice que ha hecho una promesa al Señor en el Día de la Divina Misericordia, por eso acostumbra caminar descalza en la Iglesia.
Sobre su familia nos comenta que les cuesta comprender el que ahora se dedique por completo a los asuntos de la Iglesia y no comparte (mucho menos bebe), ya tanto con ellos.
También nos comentó que quizás nombren otra persona para que ocupe el Servicio que ella presta, y que está interesada en realizar una experiencia espiritual como un retiro para discernir un nuevo llamado que Dios pueda hacerle.
Su último mensaje en esta entrevista es: “abran su corazón si existe Dios, y Dios se manifiesta, uno le habla y el responde”.
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